
La clave para vencer la sequía no es una sola técnica, sino un sistema de defensa integral que convierte cada gota de agua en rendimiento.
- Mejorar el suelo para que actúe como una esponja es el primer paso para capitalizar la lluvia escasa.
- La elección estratégica de variedades, combinando ciclos cortos y cultivos ancestrales, permite esquivar los peores efectos del calor.
Recomendación: Comience por auditar el capital hídrico de su suelo: es la base sobre la que se construye toda resiliencia duradera.
Para un agricultor en España, mirar al cielo se ha convertido en un acto de fe cada vez más incierto. La escasez de agua ya no es una amenaza cíclica, sino una nueva normalidad que pone a prueba la viabilidad de explotaciones enteras. El instinto nos lleva a buscar soluciones inmediatas: una variedad más resistente, una pasada menos de grada o la esperanza de que la próxima tormenta solucione el déficit. Pero estas son solo tácticas de supervivencia, no una estrategia de victoria.
Las conversaciones en la cooperativa a menudo giran en torno a soluciones aisladas: el riego por goteo, la siembra directa o el último híbrido que promete milagros. Si bien todas estas herramientas tienen su valor, abordarlas por separado es como intentar construir un muro con ladrillos sueltos. Falta el cemento que las una, una visión sistémica que transforme la explotación de un receptor pasivo de la lluvia a un gestor activo y eficiente de cada gota disponible.
Este artículo propone un cambio de paradigma. Y si la verdadera resiliencia no residiera en una única solución mágica, sino en la creación de un sistema de defensa en profundidad? Un enfoque donde el suelo, la genética del cultivo, el manejo agronómico y la cosecha de agua trabajan en sinergia para construir una fortaleza contra la sequía. No se trata de resistir pasivamente, sino de diseñar una explotación que anticipa, absorbe y se recupera de la escasez hídrica, optimizando el rendimiento incluso en los años más secos.
A lo largo de las siguientes secciones, desglosaremos este plan de batalla. Exploraremos cómo convertir su suelo en un embalse natural, cómo seleccionar un portafolio de cultivos que jueguen con el tiempo a su favor y cómo aplicar un riego de precisión que enseñe a las plantas a ser más eficientes. El objetivo es claro: pasar de la cosecha de frutos a la cosecha de agua, asegurando la productividad cuando la lluvia no llega.
Para navegar por estas estrategias de resiliencia, hemos organizado este contenido en secciones clave. El siguiente sumario le guiará a través de cada táctica, desde la gestión del suelo hasta la elección varietal, construyendo un plan de acción completo.
Sumario: Plan de batalla para una agricultura a prueba de sequía
- El arte del escapismo: elija los cultivos que completan su ciclo antes de que llegue el calor y la sequía del verano
- Convierta su suelo en una esponja: las 3 prácticas clave para que su tierra capture y guarde cada gota de lluvia
- Regar con inteligencia, no con abundancia: cómo aplicar un estrés hídrico controlado para ahorrar agua sin sacrificar (demasiado) el rendimiento
- Resiliente en lo seco, productivo en lo húmedo: la nueva generación de variedades que no le hacen renunciar a nada
- La sabiduría del secano: redescubra los cultivos olvidados que son el futuro de la agricultura en un clima cambiante
- Cada gota cuenta: cómo diseñar pequeños embalses y sistemas de captación para asegurar el agua en los momentos críticos
- El campeón de la adversidad: elija la variedad que mejor se comporte cuando las condiciones no son perfectas
- La cosecha del agua: estrategias de precisión para duplicar la eficiencia hídrica de su explotación
El arte del escapismo: elija los cultivos que completan su ciclo antes de que llegue el calor y la sequía del verano
La estrategia más eficaz contra un enemigo es, a veces, no enfrentarse a él. En la lucha contra la sequía estival, el «escapismo» agronómico consiste en elegir cultivos de ciclo corto que puedan sembrarse temprano, desarrollarse con las lluvias de invierno y primavera, y ser cosechados antes de que el calor extremo y la falta de agua se conviertan en factores limitantes. Esta táctica no es una renuncia, sino una decisión estratégica para asegurar un rendimiento viable, minimizando el riesgo.
Las leguminosas de invierno, como las lentejas, los yeros o los guisantes secos, son maestras en este arte. Su capacidad para fijar nitrógeno atmosférico no solo reduce la necesidad de fertilizantes, sino que también mejora la estructura del suelo para el siguiente cultivo. Los resultados en zonas como el Valle del Ebro son un testimonio de su eficacia. Tras una campaña desastrosa por la sequía, los datos de 2024 muestran cómo estos cultivos se recuperan espectacularmente: las lentejas registraron un incremento del 163,1% en su producción respecto a 2023. Los yeros y la veza también mostraron aumentos superiores al 100%.
Integrar cereales de invierno precoces, como ciertas variedades de cebada, completa este portafolio de bajo riesgo. Al diversificar con cultivos que tienen diferentes ventanas de siembra y cosecha, se distribuye el riesgo climático. Si un golpe de calor tardío afecta a un cultivo, otro puede haber completado ya su fase crítica. Se trata de pensar como un gestor de inversiones: no poner todos los recursos en un solo activo, sino crear una cartera de cultivos diversificada que garantice una base de producción estable año tras año.
La clave no es solo elegir un cultivo de ciclo corto, sino integrarlo en una rotación inteligente. La sinergia entre una leguminosa y un cereal posterior puede aumentar el «capital hídrico» del suelo y su fertilidad, creando un círculo virtuoso de resiliencia. Este enfoque proactivo convierte la planificación de cultivos en la primera línea de defensa contra la incertidumbre climática.
Convierta su suelo en una esponja: las 3 prácticas clave para que su tierra capture y guarde cada gota de lluvia
El recurso hídrico más valioso de una explotación de secano no es el embalse más cercano, sino el propio suelo. Un suelo sano y bien estructurado actúa como una esponja: absorbe rápidamente la lluvia, minimiza la escorrentía y almacena el agua en la zona radicular, poniéndola a disposición de las plantas durante más tiempo. En un país donde, según estudios, casi el 50% del territorio español está compuesto por rocas de baja permeabilidad, maximizar la capacidad de infiltración del suelo es una necesidad estratégica.
La agricultura de conservación ofrece un marco probado para lograrlo, basado en tres pilares interconectados. Tal y como demuestran las soluciones promovidas para combatir la sequía, estas prácticas son la base para transformar el suelo:
- Siembra Directa: Al eliminar o reducir drásticamente el laboreo, se protege la estructura natural del suelo. Los poros y canales creados por las raíces antiguas y la fauna del suelo se mantienen intactos, actuando como autopistas para que el agua de lluvia se infiltre en lugar de perderse por escorrentía. Además, se reduce la evaporación al no exponer la tierra húmeda a la superficie.
- Cobertura Vegetal Permanente: Mantener el suelo cubierto, ya sea con los restos del cultivo anterior (rastrojo) o con cultivos de cobertura específicos, es crucial. Esta capa protectora amortigua el impacto de las gotas de lluvia, evitando la compactación y el sellado de la superficie. Actúa como un «mulch» natural que reduce la evaporación, controla las malas hierbas y aporta materia orgánica.
- Rotación de Cultivos Diversificada: Alternar cultivos con diferentes sistemas radiculares (profundos, superficiales, pivotantes) explora y mejora distintas capas del perfil del suelo. La inclusión de leguminosas, como ya vimos, enriquece el suelo en nitrógeno de forma natural.
Este sistema, en su conjunto, fomenta el aumento de la materia orgánica, el ingrediente estrella para la retención de agua. Por cada 1% de aumento en la materia orgánica, la capacidad de almacenamiento de agua del suelo puede incrementarse significativamente, creando un «capital hídrico» que marcará la diferencia en los periodos secos.

Como se aprecia en la imagen, un suelo rico en materia orgánica presenta una estructura porosa y agregada. Estos agregados son estables y crean un laberinto de macroporos y microporos. Los primeros permiten una rápida infiltración del agua, mientras que los segundos la retienen firmemente, protegiéndola de la evaporación y liberándola lentamente para las raíces del cultivo. Invertir en el suelo es, sin duda, la inversión más rentable en la agricultura de secano.
Regar con inteligencia, no con abundancia: cómo aplicar un estrés hídrico controlado para ahorrar agua sin sacrificar (demasiado) el rendimiento
En zonas con dotaciones de riego limitadas, el objetivo no puede ser regar para una producción máxima, sino para una eficiencia máxima. Aquí es donde entra en juego el Riego Deficitario Controlado (RDC), una estrategia avanzada que consiste en aplicar deliberadamente un cierto nivel de estrés hídrico a la planta en las fases de su ciclo en las que es más tolerante, para concentrar el agua en los momentos críticos donde realmente impacta en el rendimiento y la calidad.
Lejos de ser una simple reducción de agua, el RDC es un «calendario de estrés» diseñado a medida para cada cultivo. Se basa en un conocimiento profundo de su fenología: hay fases, como la floración o el cuajado del fruto, donde el agua es insustituible. Sin embargo, en otras fases, como la post-cosecha en leñosos o ciertos periodos de desarrollo vegetativo, una reducción del riego no solo ahorra agua, sino que puede incluso mejorar la calidad de la cosecha, como ocurre con la concentración de azúcares y polifenoles en la vid.
La implementación de esta técnica requiere un seguimiento preciso, pero los beneficios son enormes, con ahorros potenciales de agua que pueden cambiar la viabilidad de una explotación.
El siguiente cuadro, basado en la experiencia en diferentes cultivos leñosos de España, ilustra cómo se puede aplicar esta estrategia de forma práctica. Para elaborar un plan de riego de este tipo es fundamental consultar las recomendaciones de los servicios de asesoramiento al regante y los datos de las confederaciones hidrográficas.
| Cultivo/Región | Fase crítica (evitar estrés) | Fase tolerante (aplicar déficit) | Ahorro agua potencial |
|---|---|---|---|
| Olivar Picual (Jaén) | Floración y lipogénesis | Post-cosecha | 30-35% |
| Viñedo Tempranillo (Ribera Duero) | Brotación y cuajado | Envero (mejora calidad) | 25-30% |
| Almendro (Levante) | Floración y llenado | Post-cosecha hasta dormancia | 35-40% |
Para aplicar el RDC sin correr riesgos, es indispensable monitorizar la humedad del suelo. No es necesario realizar grandes inversiones; un sistema de bajo coste puede ser muy efectivo para tomar decisiones informadas y ajustar el riego con precisión.
Plan de acción: Implementación de un sistema de monitorización de bajo coste
- Instalación de sensores: Instalar tensiómetros manuales a 30 y 60 cm de profundidad. El coste es asequible, entre 50 y 80€ por unidad, y proporcionan una medida directa de la tensión hídrica del suelo.
- Ubicación estratégica: Colocar al menos 3 puntos de medición por hectárea, eligiendo zonas que sean representativas del estado general de la parcela (evitando cabeceras o finales de línea de riego).
- Registro disciplinado: Registrar las lecturas diariamente y siempre a la misma hora, preferiblemente a primera hora de la mañana, para tener datos comparables y consistentes.
- Observación del cultivo: Combinar los datos de los sensores con la observación visual de la planta. El enrollamiento de las hojas, un cambio en el color o la pérdida de turgencia son indicadores valiosos.
- Definición de umbrales: Establecer umbrales de riego específicos para cada fase fenológica del cultivo, basándose en las recomendaciones técnicas. Este umbral será la señal para iniciar el riego.
Resiliente en lo seco, productivo en lo húmedo: la nueva generación de variedades que no le hacen renunciar a nada
Durante años, la elección varietal para secanos parecía un compromiso ineludible: o se optaba por una variedad rústica y segura, con un techo productivo bajo, o se arriesgaba con una variedad más productiva que se desplomaba al menor estrés hídrico. Afortunadamente, la mejora genética ha roto este paradigma. La nueva generación de variedades está diseñada para ofrecer lo mejor de ambos mundos: estabilidad en años secos y alto potencial en años buenos.
Estos materiales genéticos no son simplemente «resistentes a la sequía». Incorporan un paquete de rasgos de resiliencia mucho más complejo. Algunos poseen un sistema radicular más potente y profundo, capaz de explorar un mayor volumen de suelo en busca de agua. Otros tienen una mayor eficiencia en el uso del agua (producen más biomasa por cada litro de agua consumido) o una mejor capacidad para recuperarse tras un periodo de estrés («stay-green»). El objetivo de los programas de mejora ya no es solo la supervivencia, sino el rendimiento optimizado bajo condiciones limitantes.
Los resultados de los ensayos en campo son la prueba más clara de este avance. Por ejemplo, en los ensayos de la red GENVCE para la campaña 2024, se observó que para la cebada de 2 carreras en secano, el rendimiento medio estimado fue de 2.662 Kg/ha. Esta cifra supone un ascenso del 142% respecto al rendimiento medio de la desastrosa campaña anterior, pero, más importante aún, es un 5% superior a la media de los últimos 5 años, demostrando su capacidad no solo de recuperación, sino de superación.
Elegir la variedad adecuada dentro de esta nueva oferta requiere un análisis que va más allá de la ficha técnica. Es fundamental consultar los resultados de las redes de ensayo comarcales (como la propia GENVCE, o las redes autonómicas), que prueban las variedades en condiciones locales. Dialogar con otros agricultores y técnicos de la zona proporciona una información de valor incalculable sobre el comportamiento real de una variedad en un terruño específico. La variedad perfecta no existe, pero sí existe la variedad óptima para cada sistema de producción.
La sabiduría del secano: redescubra los cultivos olvidados que son el futuro de la agricultura en un clima cambiante
En la carrera por la máxima productividad, a menudo hemos olvidado un tesoro genético que se encuentra en nuestro propio legado agrícola: los cultivos ancestrales. Especies y variedades locales que han sido cultivadas durante siglos en condiciones de secano y que, por tanto, poseen una adaptación excepcional a la aridez, la irregularidad de las lluvias y los suelos pobres. Redescubrir estos cultivos no es un acto de nostalgia, sino una estrategia de futuro enormemente inteligente.
Cultivos como el algarrobo, el pistacho (que está viviendo un renacimiento), la escaña (una variedad de trigo antiguo), el titarro o ciertas leguminosas autóctonas son ejemplos de esta sabiduría acumulada. Estas plantas han desarrollado mecanismos de defensa muy sofisticados: sistemas radiculares profundos, ciclos de vida adaptados al régimen de lluvias local o una capacidad asombrosa para entrar en una especie de latencia durante los periodos más secos y reactivarse con la más mínima humedad. Su rusticidad los convierte en candidatos ideales para diversificar las explotaciones y ocupar las parcelas más marginales.
Además de su resiliencia, muchos de estos cultivos olvidados están encontrando nuevos nichos de mercado de alto valor. Los consumidores buscan cada vez más productos con historia, vinculados a un territorio y con propiedades nutricionales únicas. Los trigos antiguos para la panadería artesanal, las legumbres locales para la restauración de alta gama o los frutos secos adaptados al secano como el pistacho o la almendra, representan una oportunidad para diferenciar la producción y obtener una mayor rentabilidad.

La diversificación con estos cultivos no solo aporta resiliencia agronómica, sino también resiliencia económica. Reduce la dependencia de los mercados de commodities y abre la puerta a canales de venta directa o a contratos con industrias transformadoras que valoran estas materias primas únicas. Es un retorno a las raíces que, paradójicamente, nos impulsa hacia un futuro agrícola más sostenible y rentable en un clima cambiante.
Cada gota cuenta: cómo diseñar pequeños embalses y sistemas de captación para asegurar el agua en los momentos críticos
La estrategia de «cosecha de agua» consiste en capturar y almacenar el agua cuando está disponible (durante eventos de lluvia intensa) para utilizarla en los momentos de máxima necesidad. La construcción de pequeñas balsas o embalses en la propia explotación es la máxima expresión de esta filosofía. Una balsa bien diseñada puede ser el seguro de vida que permita dar un riego de apoyo crucial para salvar una cosecha, asegurar el cuajado de un frutal o garantizar la supervivencia de una plantación joven.
La construcción de una balsa en España es un proceso regulado que requiere planificación y la obtención de los permisos pertinentes. El primer paso es siempre contactar con la Confederación Hidrográfica de la cuenca correspondiente. El procedimiento puede variar, pero generalmente sigue una hoja de ruta clara:
- Consulta Previa: Contactar con la Confederación Hidrográfica para una consulta inicial sobre la viabilidad del proyecto.
- Verificación de Volumen: Si el volumen de la balsa es inferior a 50.000 m³, el proceso suele ser más simplificado.
- Memoria Técnica: Preparar un documento técnico que detalle la ubicación, dimensiones, sistema constructivo y uso del agua.
- Compatibilidad Urbanística: Obtener un informe del ayuntamiento que certifique que el proyecto es compatible con la normativa urbanística local.
- Solicitud Formal: Presentar la solicitud oficial con toda la documentación y abonar las tasas correspondientes.
- Resolución: Esperar la resolución de la administración (el plazo puede variar) y cumplir con los condicionantes técnicos que se impongan en la autorización.
Uno de los aspectos técnicos más importantes es la impermeabilización de la balsa para evitar pérdidas por filtración. Existen diversas técnicas, y la elección dependerá del presupuesto, la durabilidad esperada y las características del terreno.
Esta tabla comparativa, basada en datos y experiencias del sector, resume las opciones más comunes para la impermeabilización de balsas agrícolas, un paso crucial para asegurar que cada gota almacenada esté disponible cuando se necesite. La inversión inicial debe sopesarse frente a la durabilidad y eficacia a largo plazo, como muestra esta comparativa de estrategias para cultivar en sequía.
| Tipo impermeabilización | Coste (€/m²) | Durabilidad (años) | Ventajas | Inconvenientes |
|---|---|---|---|---|
| Lámina EPDM | 8-12 | 25-30 | Flexibilidad, resistencia UV | Instalación especializada |
| Arcilla bentonítica | 4-7 | Indefinida | Natural, autosellante | Requiere compactación correcta |
| Hormigón proyectado | 15-20 | 40-50 | Muy duradero | Alto coste inicial |
El campeón de la adversidad: elija la variedad que mejor se comporte cuando las condiciones no son perfectas
En la agricultura de secano, el verdadero «campeón» no es siempre la variedad que encabeza los rankings de rendimiento en un año perfecto. El campeón es aquel que ofrece un rendimiento estable y decente en la mayoría de los años, especialmente en los difíciles. Es la variedad que «aguanta el tipo» cuando llega un golpe de calor, una helada tardía o un periodo de sequía prolongado. La estabilidad es, en muchos casos, más rentable que el potencial máximo.
La selección de este campeón de la adversidad requiere mirar más allá del dato de producción media. Hay que buscar rasgos específicos de rusticidad: una buena sanidad de planta que reduzca la necesidad de tratamientos, una tolerancia probada a las enfermedades prevalentes en la zona, o una buena capacidad de ahijamiento en cereales para compensar una nascencia irregular. La flexibilidad es otro rasgo clave; en años excepcionalmente secos, algunas políticas agrarias permiten el pastoreo o la siega de cultivos que no van a finalizar su ciclo, por lo que una variedad con buena producción de biomasa puede ofrecer una salida rentable incluso sin llegar a grano.
La mejor forma de identificar a estos campeones es a través de los ensayos en la propia explotación. Realizar microensayos en finca, comparando 2 o 3 variedades prometedoras junto a la variedad testigo que se siembra habitualmente, es una inversión de tiempo que ofrece una información impagable. Permite ver con los propios ojos cómo se comporta cada material genético en un suelo y un microclima concretos. Los datos de las redes de ensayo oficiales son una guía, pero la prueba final está en casa.
Los resultados de estos ensayos pueden ser sorprendentes. Por ejemplo, los datos de seguimiento de cultivos del MAPA muestran cómo en la campaña 2024, para los guisantes secos, se estimó un rendimiento que supuso un aumento del 180% con respecto a la campaña 2023, una prueba de cómo variedades bien adaptadas pueden recuperarse y prosperar cuando las condiciones, aunque no sean perfectas, mejoran ligeramente.
Puntos clave a recordar
- La resiliencia a la sequía no es una acción, es un sistema integrado donde suelo, planta y agua trabajan en sinergia.
- El suelo es su principal embalse: cada punto porcentual de materia orgánica es una inversión directa en su capacidad de almacenamiento de agua.
- La diversificación es la mejor póliza de seguro: combine cultivos de ciclo corto, variedades modernas y sabiduría ancestral para minimizar el riesgo y maximizar la estabilidad.
La cosecha del agua: estrategias de precisión para duplicar la eficiencia hídrica de su explotación
Llegados a este punto, hemos ensamblado las piezas de nuestro sistema de defensa en profundidad. Ahora, el objetivo final es lograr la sinergia hídrica: que la mejora del suelo, la elección de cultivos y el manejo agronómico se potencien mutuamente para maximizar la eficiencia en el uso de cada gota de agua. La agricultura de precisión nos proporciona las herramientas para orquestar esta sinergia y llevar la gestión del agua a un nuevo nivel.
La tecnología no tiene por qué ser cara o compleja. Es posible adoptar un enfoque escalonado, empezando con herramientas de bajo coste y avanzando a medida que se comprueban los beneficios. La clave es pasar de tomar decisiones basadas en la intuición o el calendario, a tomarlas basándose en datos reales del campo.
- Nivel de Entrada (< 1.000€): Este nivel se basa en la información y la observación. Utilizar las apps meteorológicas gratuitas de la AEMET, instalar un simple pluviómetro en la finca y usar tensiómetros manuales para saber cuándo y cuánto regar, ya supone un salto cualitativo gigante.
- Nivel Intermedio (1.000-5.000€): Aquí entran en juego las sondas de humedad con telemetría básica, que envían los datos al móvil, y la instalación de una pequeña estación meteorológica propia. Esto permite crear un balance hídrico mucho más preciso.
- Nivel Avanzado (> 5.000€): La teledetección mediante imágenes satelitales (como las gratuitas del programa Sentinel), combinada con sistemas de riego de dosis variable (VRA) y software de gestión agronómica, permite aplicar agua y nutrientes con una precisión quirúrgica, ajustando la dosis a la variabilidad dentro de una misma parcela.
La modernización del regadío y la adopción de estas tecnologías es una de las principales líneas de trabajo para asegurar el futuro del sector. No se trata de un gasto, sino de una inversión estratégica que se traduce directamente en ahorro de agua, energía y fertilizantes, y en un aumento de la rentabilidad. La tecnología, al servicio de una buena estrategia agronómica, es la que permite cerrar el círculo y lograr el objetivo final: producir más con menos agua.
Diseñar un sistema agrícola resiliente es un proceso continuo, no un destino final. Comience por analizar su explotación, identificar el eslabón más débil de su cadena de gestión del agua y actúe sobre él. El camino hacia la cosecha del desierto empieza con el primer paso estratégico que dé hoy.